En
el epicentro de la provincia de Málaga
se extiende el Valle
de Abdalajís, una fértil sierra enclavada entre
los embalses de El Chorro, la llanura de Antequera
y la Hoya del Guadalhorce. Su extraordinario emplazamiento lo
ha convertido en una de zonas mediterráneas más
atractivas para la práctica del parapente o el ala delta.
Aficionados de toda Europa llegan a este rincón del interior
malagueño para cumplir un ancestral sueño: volar.
Abadalajís
se alza y desciende en la profundidades del Sistema Bético.
Su lejanía de la llamada cuña atlántica le
confiere un microclima especial, con unas condiciones térmicas
y eólicas para levantar el vuelo en parapente o ala delta.
La belleza del paisaje circundante hacen el resto. Desde el cielo,
las escarpadas laderas del Desfiladero de los Gaitanes y las misteriosas
formas rocosas de El Torcal se disuelven entre suaves lomas forradas
de olivares y cereales . El gran embalse del Guadalhorce baña
este espectáculo visual cuando se admira a vista de pájaro.
Por su emplazamiento, orografía y condiciones climatológicas,
Abdalajís es una zona pefecta para los amantes de los deportes
en plena naturaleza. Pero es, sobre todo, la capital del vuelo
libre, ya que cuenta con tres magníficas vertientes para
echar a volar: la zona de Levante, la zona de Poniente y la zona
de la Capilla. Entre todas las modalidades de vuelo libre, hay
dos que despuntan por su implantación entre los numerosos
aficionados que existen en el mundo: el ala delta y el parapente.
El
primer vuelo de dudosas éxito en ala delta fue protagonizado
por Abás Ibn Firnas en el siglo I. Leonardo da Vinci también
lo intentaría siglos después con su máquina
voladora, pero hasta 1890 no se consiguió perfeccionar
la estructura del ala delta gracias al ingeniero alemán
Otto Lilienthal, el cual realizó más de 2.000 vuelos
controlados desde una colina artificial. Cuando los hermanos Wright
inventaron el vuelo con motor, el interés por el ala delta
desapareció. Pero cual ave Fénix, resurgió
en 1961 cuando un ingeniero de la NASA inventó el Rogallo
para ser usada como paracaídas controlable para el programa
Apollo. En 1965 la NASA descartó su uso pero algunos piotos
la adaptaron para uso deportivo. El vuelo libre se hizo popular
en los setenta en muchas partes del mundo, especialmente en Europa,
Australia, Nueva Zelanda y EE.UU. Los primeros campeonatos del
mundo se celebraron en 1976, en la localidad austriaca de Cosen.
El parapente, por su parte, nació de los montañeros
que querían bajar volando las cimas que habían ascendido.
En origen, era un paracaídas muy versátil en su
control y manejo. En la actualidad, este tipo de vuelos es típico
de llanuras (especialmente en desiertos, donde se consiguen las
moyores alturas) donde la permanencia depende de la habilidad
del piloto para encontrar zonas térmicas que se producen
al calentarse una masa de aire por conducción, es decir,
por el contacto de esta sobre un suelo calentado por los rayos
solares. Esta masa de aire caliente se dilata por efecto de la
temperatura y se hace más ligera que el aire circundante
por lo que comienza a elevarse.
Existen varias maneras de coger altura, como por ejemplo por restitución,
la onda de montaña o la convergencia de brisas. Todas ellas
tienen sus peculiaridades propias, incluso algunas nubes, como
los cúmulos, pueden provocar ascendencias. El
Valle de Abdalajís ofrece esta oportunidad, la de volar
alto, y descubrir la velleza panorámica del interior de
la provincia de Málaga.